Algo que he aprendido

En estos últimos años he aprendido muchísimas cosas, unas grandes y otras más pequeñas, lecciones que cada día de un modo u otro recibo de todo lo que me rodea.

He aprendido que mi visión de algo en concreto puede estar tremendamente claro, pero que si tengo una vez un conflicto en particular puede que esa visión sea cierta; si tengo dos veces el mismo conflicto y dos personas opinan igual de él, debería replantearme mi forma de verlo y si el mismo conficto se repite por una tercera vez y son ya tres personas las que opinan de la misma forma, definitivamente puede que sea yo la que esté equivocada.

He aprendido que a las cosas que se regalan con bondad no puedes pedirle exigencias, porque si no se convierte en un trueque en un único sentido: el del egoísmo de quien lo recibe o de quien lo da, desvirtuando por lo tanto el mismo término de bondad.

He aprendido el verdadero valor de las palabras con las que mi “tío Bill” me aleccionaba hace 25 años: dos acciones malas no hacen una buena.  Al comprender esta sencilla pero gran frase, me doy cuenta que solo debo seguir mi camino intentando hacer las cosas bien, independientemente de la forma de actuar de otros.

He aprendido realmente, el valor del momento.  Y que si un día dejo de decir un “te quiero” a alguien que realmente amo, puede que no tenga una nueva oportunidad para hacerlo.  De la misma forma, también he aprendido a apreciar ese momento en todo su valor y alejarme de disputas tontas que lo destruyen.

He aprendido sobre todo a amar de forma serena a todos los que quiero y a no desfallecer en ese intento , aunque algunos que nunca tendrán opción, se confundan con ello y deseen algo más, transformándolo en  un amor dependiente, sin querer ver que mi corazón ya está adjudicado.

He aprendido que cada uno es como es y  si actúa de un modo u otro es tan solo por dos motivos: o bien le queda mucho que aprender  o bien ya lo ha aprendido y en ninguno de esos casos debo interferir si no se me pregunta directamente.

Pero sobre todo he aprendido que el Mundo es una gran universidad que imparte lecciones gratuitamente y como todas las universidades, no solo hay que prestar la suficiente atención sino comprender perfectamente su temario y no solo con nuestra propia mentalidad.

Y esta Universidad me ha enseñado la Gran Lección: que solo hay una verdad y que la diferencia de opiniones estriba en el filtro que nos ponemos delante de los ojos para adecuarla a “nuestra verdad”.

Espero no dejar de aprender nunca, porque el día que lo haga, habré perdido la verdadera fuerza que me impulsa hacia delante y  la emoción por  la vida.

Diana Llapart