La caja vacía

“Lo verdaderamente importante es todo aquello que normalmente no se ve”.

Esta es una de mis frases preferidas y una también de las que más me hacen pensar y reflexionar sobre cada acto que realizo.

Creo que cada uno de nosotros tenemos una caja la cual llenamos con todo aquello que aprendemos, nuestro know-how, nuestra experiencia.  En ocasiones decidimos compartirlo con los demás pero sigue siendo nuestro, sigue estando en nuestra caja.  Adicionalmente en alguna parte de esa caja se guardan emociones, situaciones y mucho trabajo.

El problema viene cuando este ‘préstamo’ se torna una costumbre. Estamos tan habituados que las cosas siempre sean así, que las cosas estén ahí o que las personas a nuestro lado actúen de una forma determinada que apenas damos importancia ni valoramos el esfuerzo de quien nos ha cedido el detalle, el programa, el libro, el amor o el loquesea.  No damos importancia a esos pequeños actos de amor que hacen por nosotros día a día, solo pensamos que “deben hacerlo”…pero…y nosotros ¿qué hacemos realmente por ellos?

¿Tenemos en cuenta qué les gusta, qué les llena y qué es importante para aquellos a los que creemos amar? ¿Podemos tener la capacidad de asombrarnos con las pequeñas cosas que ellos se asombran y si no al menos respetarlo?

¿Les damos las gracias por la generosidad de obsequiarnos con su tiempo?¿somos además de agradecidos, conscientes cuando utilizamos todo aquello que nos ofrecen fruto de su propia generosidad, o lo tomamos sin miramientos, sin consciencia del esfuerzo refugiados en nuestra propia comodidad?

¿Nos enfadamos cuando un día nos deniegan aquello a lo que estamos acostumbrados que hagan ellos sin esfuerzo propio?

Y lo que es más importante ¿Qué damos a cambio? No todo es pedir…

Esto, como he repetido en más de una ocasión, es un feed-back. Yo doy tú das.  Si no, no has construido nada, tu caja está vacía y aunque te parezca que no, tan solo estás robando las pertenencias de otra que no es tuya.

No te engañes, aunque en tu caja ponga tu nombre no quiere decir que lo que lo llena también lo tenga, sigue vacía.

Nadie debe hacer nada por ti porque no se te da bien, nadie debe ayudarte porque es buena persona, nadie debe amarte porque te has acostumbrado a ello si tú no das a cambio la misma cantidad de lo que recibes.  No es su obligación, como tampoco es la tuya regalar tu tiempo, tu talento o tu energía.  Así que antes de pedir y exigir sin medida, piensa un poquito antes de hacerlo.

Busca y haz lo que se te de bien, ayuda a las buenas personas (que no te engañen, son la gran mayoría de seres humanos), ama sin miedo a pensar que eres débil y entra en la dinámica del bien común.

Sólo así tu caja vacía comenzará a llenarse.  Y esta vez con artículos que llevan tu propio nombre.

Una gran reflexión para un gran día.

Diana Llapart

www.reiki-barcelona.cat

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