Claro que es difícil

Meditar y relajarte es mucho más fácil que meditar y entrar en ti mismo para descubrir que hay ahí.

Relajarte con música de piano y disfrutar de un momento de paz es mucho más fácil que conseguir paz cada minuto de tu vida.

Buscar un culpable de lo que produce ira en ti es mucho más fácil que socavar en el interior para averiguar qué es en realidad lo que la provoca con el fin de liberarte de ella.

Claro que avanzar conscientemente marcando bases sólidas en cada paso que se da es difícil.

Claro que tomar la responsabilidad absoluta de tus actos incluyendo respuestas y reacciones es difícil.

Siempre hay un camino fácil, pero en él la mediocridad abunda.

El camino difícil se elige poco, es escaso.  Por eso sus resultados son tan valiosos.

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No importa

No importa de dónde vienes si no a dónde vas desde aquí.

No importa tu historia de ayer si no la que construyas hoy nueva, equilibrada y feliz.

No importan tus errores si los reconoces como tal y los utilizas para no volver a cometerlos.

No importan tus estudios ni tus títulos si no has aprendido sabiduría.

No importa tu pasado si tomas lo aprendido para aplicarlo en tu nueva escuela, tu presente.

Y tu presente, ese regalo, es el que te ayudará a escribir la página en blanco en la que todo está por decidir: tu futuro.

Tú eliges vivir en el miedo del pasado o en la esperanza de un nuevo mañana.

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Con todas tus fuerzas

Soy  cabezota.  Aquellos que me conocen bien y lo sufren en sus propias carnes  lo saben; tengo que agradecerles su paciencia, su sonrisa, que me digan aquello de “si tan claro lo tienes, adelante!” , que me dejen volar hasta estrellarme y después no me digan “te lo dije” y que le cambien el nombre por otro más fino como “persistente”.

A pesar de todo ello está en mi genética, soy cabezota.  Afortunadamente me considero una cabezota que escucha y acepta críticas (algo he aprendido de tanto estrellarme)  y de eso trata la entrada de hoy, de ser persistente en condiciones.

Ser cabezota tiene sus ventajas (no todo iba a ser malo ¿no?) y una de ellas es la política del esfuerzo.  Si estoy plenamente convencida de lo que hago, puede que tarde mucho o poco, pero llegaré a la meta y seguramente con éxito, por muy grande, extraño o imposible que sea el objetivo a conseguir.

Como todo, y como con todas las características humanas, debemos escoger lo mejor de cada una de ellas y descartar o modificar lo no es válido o lo que no nos permite relacionarnos con los demás.  Siempre hay que recordar que la teoría del café para todos no existe y que puede que lo que yo piense no le valga a mi vecino.

Así que con esta premisa, me planteo mi cabezonería de la siguiente manera:

1.       Aprendo a escuchar y valorar otras opiniones, que aunque diferentes a la mía, puedan hacer un todo mucho más rico de mis propias ideas o intuiciones.

2.       Dejo una puerta siempre abierta y no me cierro en banda, respetando siempre la opinión del otro, por muy absurda que parezca.

3.       Cuando no veo salida, acepto ayuda.

Ninguno de los tres puntos son fáciles de conseguir, es un trabajo de campo arduo y constante, pero hace que la cabezonería sea útil.

Ayer estuve cenando con unos grandes amigos (es uno de los motivos por los que hoy me sienta tan feliz!) y recordamos una anécdota de hace unos años: uno de los amigos presentes me invitó a ir una tarde a su casa en el centro de la ciudad…me perdí (aunque he de decir en mi defensa que soy la desorientación de la orientación).  El caso es, que en lugar de parar, llamar, pedir ayuda y escuchar las indicaciones de forma calmada, me bloqueé y di rienda suelta a mi cabezonería, que se empeñó en perderse aún más y llegar a destino dos horas y media tarde (conociendo a mi amigo y sus ganas de picarme, oiré esta anécdota durante el resto de mis días!).

Podemos ser y sentirnos muy fuertes, muy capaces y muy hábiles, pero siempre hay un momento en el que tenemos que pedir ayuda.  Lo bueno es que, a pesar de lo que pensemos y parezca, nunca estamos solos y siempre hay alguien que nos echará una mano…o dos, desinteresadamente.

Nadie es imprescindible, nadie…Y el mundo no se parará si nosotros nos bajamos, como las empresas no cerrarán si decidimos coger un día de asueto y nadie se escandalizará si decidimos pedir ayuda y delegar (que es muy diferente a tan solo delegar).

Y con ello volvemos al quiz de historias anteriores de este blog, que tratan sobre ser responsables en cuanto a nuestras actitudes, roles y capacidades.  Así que os pido que recordéis que trabajar en equipo aunando esfuerzos en todos los ámbitos funciona muchísimo mejor…y además puede ser extremadamente divertido.

Gracias por leerme.

Diana Llapart

¿Eres objetivo contigo mismo?

Cada uno de nosotros es bueno en algo.  Yo aún diría más, cada uno de nosotros es extraordinariamente bueno en algo…pero no en todo.

El problema de este mundo tan competitivo que hemos creado entre todos (sí, sí…entre todos, ¡tú también!) es que no  hemos dedicado el tiempo necesario a observarnos y aceptar que hay unas cuantas cosas que no se nos dan nada bien, muchas en las que somos mediocres y algunas en las que somos excepcionales y destacamos sobre los demás.

No somos objetivos ni con nosotros mismos, ni con los demás…nos hemos convertido en las noticias de alguna cadena televisiva en busca de la mayor audiencia distorsionando absolutamente la verdad a nuestra conveniencia.

Como la competencia es la guerra, nos dedicamos a intentar hacerlo todo bien, espiando y criticando lo que hace el vecino (¡como si eso nos fuera a dar mucho más conocimiento!) en lugar de coger y explotar el nicho en el que somos excelentes.

No es la solución, porque por mucho que queramos no podemos tocar todos los instrumentos de una orquesta bien, como mucho sacaremos una suma de notas discordantes.  Eso sí, siempre podremos convertirnos en el hombre orquesta y que el resultado de nuestro trabajo sea una medianía.

Así que en lugar de hacer el trabajo como siempre, quejándote como siempre o cubrir el expediente como siempre…¿por qué por esta vez no lo haces diferente? Pensar qué parte de tu trabajo te emociona de tal modo que al hacerlo se te pasan las horas volando…y céntrate en él.

¿Puedes imaginarte una empresa en que cada uno haga lo que en realidad es excepcionalmente bueno y además se divierta?

¿Soy una visionaria? Puede, pero esa realidad es posible…y ya hay empresas que lo aplican.

La otra cara de la moneda es olvidarse de la pasión y pensar que las personas más válidas que sí han seguido el consejo, han llegado a costa de favores y buena suerte.  Bueno…siempre te quedará la envidia y la queja ¿no?

Piénsalo, sé objetivo contigo mismo y enfócate en tu genialidad en lugar de ser una copia de otro que nunca llegarás a ser.

Seguro que el resultado es fantástico.

Diana Llapart

100%

Cuántas veces habré oído a amigos, “¡qué mala suerte tengo, el negocio no acaba de funcionar!” o bien “¡por qué todo me pasa a mí, si yo lo hago bien!” y siempre contesto lo mismo: has dado el 100% de ti mismo en cada una de las ocasiones?  Frecuentemente, cuando es sincera, la respuesta es no.

Creo firmemente que la fortuna es una mezcla de pasión, talento y esfuerzo.  Puedes  saber una barbaridad, esforzarte al límite pero si realmente no te apasiona lo que haces estás perdido.  Y en eso consiste entregar el 100%.

Ya sé que me diréis…ya, ya…pero si no tengo más remedio que trabajar en un lugar que no me gusta porque necesito el sueldo ¿cómo me apasiono?  Es sencillo: vuélvete café (mira el cuento anterior).

En todos los puestos de trabajo hay partes buenas, de lo que se trata es encontrarlas y explotarlas al límite, disfrutando con ellas y dejando nuestra esencia.  Tal vez así descubramos que no es un trabajo tan malo y que hasta valga la pena quedarse.  Con este planteamiento seguro que os encontraréis con una oportunidad mejor en breve.

Buda dijo, no existe camino a la felicidad, la felicidad es el camino.  Este principio lo engloba todo, por muy dura que sea la situación depende de nosotros darle la vuelta…o seguir como siempre.

Mi contestación a un amigo que me recriminaba “es que para ti es muy fácil, tú siempre estás bien” fue muy sencilla: “es que en el camino malo ya he estado y la verdad…no me mola sufrir”.  Tan simple como eso, que el camino sea duro o no depende de la visión que demos a la perspectiva: apasionaros…al mil por cien.  Os garantizo que los resultados son extraordinarios.

Probad, no tenéis nada que perder.

Diana Llapart

¿Cómo te enfrentas tú a los problemas?

Al tener un problema podemos hacer dos cosas muy distintas, aunque ambas palabras comiencen de la misma forma: reaccionar o responder.  La diferencia reside en que en el primer caso, como la misma palabra demuestra, reaccionamos; en la segunda, pensamos y respondemos ante el problema, agresión o cuestión.  La reacción lleva implícita muchos más factores que el simple hecho de no pensar, lo aderezamos con inseguridad, miedo, ira, en ocasiones violencia y le añadimos unas gotas de abuso de poder (o miedo de pérdida de poder si fuera el caso).  La buena noticia es que TODOS lo hacemos cuando reaccionamos, es una defensa natural de nuestro cerebro para preservar el cuerpo físico, tanto si nos gusta como si no, los genes del hombre de la edad de piedra los llevamos de serie.

¿Qué ocurre cuando respondemos? Aaaaamigos, la cosa cambia!  Entra en funcionamiento años de evolución: pensamos.

Y pensar nos permite aplacar absolutamente la respuesta violenta de la amígdala que hace de las suyas, equilibramos una respuesta absolutamente emocional con un equilibrio racional que nos explica el por qué están sucediendo las cosas.

Pensar nos da la capacidad de la resolución de cualquier tipo de problema, nos vuelve creativos ante la crisis, nos vuelve imaginativos y resolutivos.  Al hacerlo no sólo aumenta nuestra autoestima y felicidad, si no que caminamos hacia un mundo más evolucionado donde la violencia y la ira están absolutamente erradicadas.  Y entonces es cuando el amor real lo llena todo, y las cosas funcionan en todos los ámbitos.

Desafortunadamente, y es una frase que repito a menudo, se nos ha olvidado pensar.  Estamos tan “subjetivizados” (perdón por inventarme la palabra, pero ¡debería aparecer en el diccionario!) por todas las noticias con las que somos bombardeados, que permitimos que otros piensen por nosotros y no vemos ni el problema real ni cómo solucionarlo.

Os propongo en este post algo sencillo: en primer lugar observad, en segundo pensad cómo resolver y en tercero resolvedlo de tal manera que además aportéis vuestra esencia.

Este y no otro, es el camino del éxito.

Diana Llapart