Ser padres, lo que tus hijos te enseñan

Soy madre desde hace 20 años.  En el transcurso de este período, me he equivocado, he rectificado, me he vuelto a equivocar y he vuelto a rectificar un sinfín de veces (¡y las que me quedan!)

También he hecho caso a parientes que me criaron, a otros padres que tienen hijos posteriores y anteriores, a amigos, maestros y psicólogos.  De algunos aprendí algo, de pocos mucho y de otros nada en absoluto.

Pero si de alguien he aprendido las lecciones más importantes de mi vida y no tan solo a nivel de educar, ha sido de mis propios hijos.

Aprendí a pasar de ser una mujer de negocios ocupadísima a ser madre.  Aprendí a adecuar el horario de tal manera que a pesar del trabajo, tuviera horas de calidad con ellos (y no solo por ellos, he de reconocer mi egoísmo absoluto por absorber cada minuto en su presencia)

Aprendí que un hijo repetirá mis pautas de actuación, simplemente porque para él soy poco más que Dios y quiere parecerse a mí.  Por este principio repetirá e incorporará a su vida todo lo bueno que yo haga…pero también todo lo malo que yo aplique con él.

Aprendí que cuando creo que mi paciencia se ha acabado, siempre queda un poquito más de ella.

Aprendí y sigo aprendiendo, que son los mejores vendedores del mundo, capaces de convencerte el porqué es tan importante de que se vayan a dormir una hora más tarde.  Con ellos en el mundo, la salida de cualquier crisis está garantizada.

Aprendí también que mi hijo puede ser también mi mejor amigo, pero siempre desde el principio de autoridad que da ser madre.  Ser amigo sí,  ser colega no.

Aprendí a perdonarme por no ser la madre perfecta, por enfadarme, por perder la paciencia con ellos o por llegar tarde en alguna ocasión y a darme cuenta que siempre puedo compensarlo con ellos al darles una sonrisa extra-plus o un cuento extendido nocturno.

Aprendí a leer los gestos, las sonrisas o los agravios; a controlar mi ira y mal humor para que ellos, como esponjas que son, nunca la vuelvan a absorber.  Como también aprendí, que jamás una moneda, un juego o cualquier cosa material podrán sustituir mi presencia en sus juegos.  Nos dan amor incondicional y tan solo quieren amor a cambio.

Aprendí a no tener miedo de las cosas para poder explicarles que no deben de tenerlo ellos, ya que tienen la gran fortuna de vivir en una parte del mundo desarrollado donde si hacen las cosas bien y con pasión siempre tendrán una oportunidad de tener éxito y ser felices.

Pero sobre todas las cosas, aprendí a escuchar…y no solo las palabras.  Aprendí a estar atenta a todo cuanto me rodea y a asombrarme de ello.  Aprendí a enseñarles el cielo por mañana y a contar nubes con ellos.

Mi camino como madre, gracias a Dios continúa, igual que mi aprendizaje, y aquellas palabras que un día me dijeron sobre el oficio de ser padres “educar con amor y normas claras” adquieren toda su fuerza ahora.  Quizás tan solo les añadiría un punto más: “educar con amor, normas claras y tiempo de calidad”.

Disfrutad de vuestros hijos, de cada minuto, cada segundo, cada enfado y cada reconciliación; de cada risa o cada vez que os vuelvan locos!!!  Que la vida pasa muy deprisa y solo quieren ser felices…y además con vosotros.

Y si estamos atentos y lo hacemos bien, ese será nuestro legado reflejado en sus propios hijos: una gran educación desde el amor, la sabiduría y la autoestima.  Entre todos podemos construir un mundo mejor para nosotros, para ellos y para generaciones futuras.

Diana Llapart

¿Cómo tratas a tus mayores?

¿Te has parado a pensar en ese hecho, en cómo tratas a tus mayores?

Uno de mis mayores descubrimientos en esta vida ha sido el tomar consciencia de que el ser humano es un microuniverso dentro de un macrouniverso.  Todo lo que alguna vez hago, digo o emano a este macrouniverso volverá a mí con el término macro en toda su extensión, tan solo por el hecho de ser el creador de esas palabras, acciones o emanación.

Tal y como me relaciono con las personas de mi alrededor no será más que una película de mi propio futuro, de cómo seré tratada en no mucho tiempo.

Así que voy a hacerte la siguiente reflexión:

¿Cómo actúas con tus padres, abuelos o personas mayores?

¿Pierdes la paciencia a menudo porque su mente no es tan rápida como lo era?¿porque no es tan rápida como la tuya?¿porque piensas que es una pérdida de tiempo explicarle términos tecnológicos o repetir de nuevo alguna explicación que no han entendido a la primera?¿piensas que su falta de audición es una lacra y por eso no vale la pena comenzar un diálogo con ellos?

¿Cómo tratas a tus mayores?

¿Con cariño?¿Con respeto?¿o con salidas de tono porque a veces se vuelven cabezotas o infantiles en algún punto?

Todos hemos sido niños ¿recuerdas?

Y como niños hemos sido extremadamente pesados, hemos demandado explicaciones una y otra vez en cosas sencillísimas.  Ellos siempre han estado ahí para contestar, guiar o enseñar.

La próxima vez que te encuentres perdiendo la paciencia porque tus mayores no entienden o no aprenden algo que para ti es evidente, recuerda que ellos te enseñaron a utilizar algo tan básico como una cuchara.

Si les llamas tontos, en su versión cariñosa tontorrones, recuerda que el karma hará que te traten de la misma manera.

Si no les abrazas lo suficiente por no tener tiempo, recuerda que el Universo te pondrá en tu lugar en un momento frágil de tu vida en lo cual lo más importante sean esos abrazos, los cuales no encontrarás.

Si no utilizas tu paciencia en invertir ratitos eternos de calidad con ellos, no pidas después que alguien los invierta escuchándote.

Hay un principio reiki muy contundente en este aspecto: sólo por hoy honra a tus mayores.

Respétalos, ámalos, escúchalos, cuídalos y dales el espacio y tiempo necesario, sin prisa, entendiendo que su ritmo es otro tan solo por cuestión de metabolismo.  Esa persona que te ha maravillado de niño, de joven, de adulto aún está ahí.  Aún tiene esa capacidad de asombrarte, esa mente extraordinaria, la diferencia es que ahora simplemente va a otro ritmo.

Así que piensa un poquito, cuando tu cuerpo no te responda tan rápido como lo hace ahora.  Cuando tu mente, no se ralentice pero sí se calme.  Cuando vayas a otro ritmo que este mundo endiablado…¿cómo quieres ser tratado?

Cambia tu chip.  Re-descubre a tus mayores.  Siéntate y escucha.  Di que les quieres de hecho y de actitud. Hazlos felices.  Reflexiona, no siempre van a estar ahí; ¿a quién culparás por no haberlos vivido cuando se vayan?

Tienen derecho a sonreír, reír, disfrutar de tu compañía y notar que les importas.

Es puro karma, lo que das recibes.

Diana Llapart

La escuela de padres

No existe una escuela de padres y nosotros  no nacimos sabiendo cómo serlo. Así que perdonadnos si no lo hacemos del todo bien.

Nacimos y aprendimos.  A veces a marchas forzadas, otras improvisando, otras educando como nos educaron, otras con dolor y otras, las más, con muchísima alegría.

No existe una escuela de padres y con cada decisión de traer un niño a este mundo hay una gran tarea detrás, tanto del hijo  como del padre, de aprender juntos cogidos de la mano.

No existe una escuela de padres pero lo que es muy cierto, es que cada uno de los padres ama a sus hijos, al margen de si lo hacen bien o mal.  El amor a un hijo es algo tan natural como respirar.

Así que cuando algún hijo piense o diga “yo soy así por culpa de mis padres” recordad lo dicho, que no existe una escuela de padres y que nosotros lo hacemos de la mejor manera que sabemos.

A veces nos equivocamos y no lo admitimos delante de vosotros.  A veces nos equivocamos y pedimos perdón.  A veces nos equivocamos y nos duele tanto que debemos retirarnos para no contagiaros nuestro dolor.  Y a veces, las más, no nos equivocamos y a pesar de ello os damos la razón.

Creéis que nos equivocamos cuando permitimos, con todo el dolor de nuestro corazón, que caigáis para que sepáis por vosotros mismos cómo levantaros, aunque nuestro impulso interior sea el de protegeros y serviros de cojín una y otra vez.

Recordad que no os miramos para disfrutar de vuestra caída, sino para ofrecer nuestra mano en caso necesario y  sentirnos orgullosos al ver cómo os alzáis de nuevo con vuestro propio pie.

Recordad también que cada golpe, a veces necesario, que sufrís hiere profundamente nuestro interior, añadiendo una nueva cicatriz al corazón.

No existe una escuela de padres y nos equivocamos muchísimo, pero intentamos mejorar, aprender y aceptaros como sóis con todas vuestras evoluciones y giros de carácter.  Y si por algún casual algún reproche sale de nuestra boca es porque vemos lo enormes que realmente sóis y lo pequeñitos que vosotros os empeñáis en ser.

Cuando seáis adultos y padres, recordad estas palabras, porque vosotros intentaréis, de igual modo, hacerlo lo mejor posible ya que amaréis profundamente a vuestros hijos de la misma forma que nosotros lo hacemos.  Y también os equivocaréis, pero a la vez descubriréis que el aprendizaje de ser padre es uno de los estudios más fantásticos que existe, simplemente porque se realiza en vuestra compañía.

Así que, cuando seáis adultos, no nos culpéis a nosotros los padres de no ser felices, os dimos la mejor educación que sabíamos y la decisión de aprender de esa educación y aplicar algo diferente o no en vuestra propia vida es responsabilidad vuestra, de nadie más.

No existe una escuela de padres y los padres siempre aman a sus hijos e intentan hacerlo bien, aunque no siempre lo consigan.

Con mi profundo amor y admiración para vosotros, los hijos.

Una madre, un padre.

Diana Llapart

Queridos hijos…

Queridos hijos, hija o hijo,

Desde la perspectiva que da la paciencia de haberte visto crecer, desde tus primeros pasos a ir detrás de ti mientras corrías los cien metros lisos para que no te pillara, de ponerte límites y normas que intentabas saltarte a la primera ocasión chantajeándome con la mejor de tus sonrisas; desde la perspectiva que da la paciencia de haberte escuchado las inacabables historias a la edad de tus tres años sin interrumpirte, de haber compartido tus risas, tus abrazos, tu dolor, tus miedos o tu rabia cada vez que te repetía hasta la saciedad (¡y te repito!) ponerte a estudiar o lavarte los dientes…

…quisiera decirte algo ahora que ya te veo enfrentarte a esa rara y contagiosa enfermedad llamada adolescencia.

Quiero decirte que se lo importante que es para ti ese granito que te ha salido en el momento menos oportuno, que para ti es un mundo aunque tu razón te diga que no hay que enfadarse tanto solo por ese hecho.

Quiero decirte que entiendo tu inseguridad, tu miedo a no crecer lo suficiente, a no tener suficiente bigote, a no tener suficiente músculo, a no ser tan delgada o no tener más pecho o simplemente no ser como los o las demás a tu edad.  Decirte que tus cambios de humor no son más que fruto de los grandes cambios en el que tú crees tu pequeño cuerpo y que todo, igual que una tormenta, se serenará para ofrecerte el más bello amanecer.  Cree en ti mismo o misma, eres tu mejor apuesta.

Quiero decirte también que aunque vives hoy y aparentemente no te preocupas por el futuro, se que dentro de ti no es así y entiendo tu inseguridad en cada respuesta cuando la famosa pregunta “qué quieres estudiar” se formula.  No temas, eres extremadamente valiente al decidir a tan temprana edad, decisión que algunos adultos aún no han tomado.

Querido hijo, me gustaría contarte que ningún niño se queda como niño, desafortunadamente (o no) todos crecen y se hacen hombres altos o no tan altos; que tu bigote crecerá igual que tu barba que tendrás que rasurar cada día, que tu voz cambiará a grave dejando en el recuerdo ese sonido dulce de criatura que tan loca vuelve a toda madre y que cuanto más tardes en crecer más alto y fuerte te tornarás; no te preocupes sólo ten un poquito más de paciencia.

Me gustaría decirte que aunque no te guste el resultado de tu cuerpo, es el cuerpo perfecto -no para mí que soy tu madre o padre- si no porque es el tuyo y es el que mejor se ajusta a ti.  Por ello te pido que desde el momento que lo notes cambiar lo cuides, lo mimes, lo respetes y lo protejas.  Desde la perspectiva desde donde te miro es la mejor inversión que jamás podrás hacer.

Querida hija, me gustaría decirte que aunque te veas llena de defectos, yo no cambiaría ni una sola cosa de ti.  Todo forma parte de tu perfección, de tu belleza, de tu identidad.  Me gustaría decirte que no te esfuerces en ser alguien que no eres solo por encajar, por ser popular.  Llegará un momento en tu vida en que ya no te importe, porque todos aquellos que te aman te aceptan como eres, pura y natural.  Llegará el momento, no muy lejano, en el que tú misma te aceptarás como la mejor versión de ti misma asombrando a todo aquel que se cruce en tu camino.

Me gustaría decirte que no te preocupes por no tener novio, por ser virgen o por tener esas piernas demasiado gruesas, delgadas, largas o cortas que tapas con tanta vergüenza.  Te diría además que tuvieras paciencia.  La experiencia me ha enseñado que por cada alma sola hay otra alma sola afín que la busca, pero que pasa de largo si tu corazón está ocupado con otros menesteres.

El amor siempre te encontrará si tu corazón está abierto a él, no lo cierres si alguna experiencia ha salido mal, tan solo es un camino más. Me gustaría recordarte también que el amor de verdad nunca duele, no se vende y es libre.

Quiero decirte que no temas a la soledad.  Si tú quieres y sólo si quieres encontrarás a esa persona que iluminará tu sonrisa y que igual que yo, no cambiaría ni una pestaña de ti, contará cada uno de tus lunares y se deleitará con cada defecto de tu piel.

Me gustaría aconsejaros a los dos, hijo o hija, que vuestra primera vez sea con alguien que améis y que os ame y respete de igual modo, que sea con plena consciencia del hecho y del tiempo en que sucede, no fruto de  la prisa por encajar en un entorno de amistades falsas o una borrachera en la que quizás no os hubiera gustado participar.  Llegado el momento me gustaría deciros que sobre todas las cosas, protejáis vuestro cuerpo, respetadlo y cuidadlo.  Es vuestro Templo.  Recordad  también que un no siempre será un no (tanto si eres hombre como mujer) y que siempre tenéis derecho a cambiar de opinión, vuestra libertad, al igual que vuestro cuerpo, tampoco se vende.

Querido hijo, desde la perspectiva que me da el recorrido de mi edad también me gustaría decirte que no te preocupes en exceso por tu futuro.  No te limites. No te encasilles.  La vida cambia demasiado rápido para elegir dedicarse a una sola cosa; debo decirte sin embargo que la inspiración, la creatividad, el éxito y la fortuna siempre te encontrarán cuando estés trabajando.  Son poco amigas de la comodidad y la inactividad.

Desde la perspectiva que da la paciencia de haberte visto crecer, de observarte y de intentar comprender cada uno de tus actos me gustaría decirte que todo está  y estará bien.  Sea el camino que elijas para tu vida te irá bien y puedo asegurarte que a partir de lo que quieras ser se abrirán un sinfín de nuevas sendas repletas de oportunidades. No te exijas tanto, te queda una vida entera para construir lo que desees.

Quisiera decirte también que aunque creas que ahora debes tomar la decisión de tu vida, de un futuro que crees te marcará para siempre nunca es tarde para el cambio, para estudiar algo nuevo, para cambiar de carrera, de profesión o de decisión.  Apuesta por lo que te haga sentir bien, lo que te llene, lo que haga aflorar una sonrisa en tus labios, lo que despierte tu curiosidad y te haga temblar de emoción.  Tienes tiempo más que suficiente.

Quisiera deciros a los dos desde la paciencia que vosotros me habéis regalado al crecer, que tengáis eso, paciencia.  Os servirá para apreciar cada minuto de vuestra familia cuando no la tengáis cerca, para disfrutar de esos cafés con amigos, obras teatrales al aire libre o risas espontáneas.  Para apreciar vuestros éxitos, que serán muchos más de los que jamás os podréis imaginar.  Para asumir cómo son y amar con locura y cordura a vuestra pareja y futuros hijos si algún día decidís tenerlos.  La paciencia os garantiza vivir plenamente cada momento.

Quiero deciros que soy consciente de que pensáis que sois muy sabios, que creéis dominar las cosas mucho mejor que cualquier adulto, que no necesitáis consejo porque ya sois muy experimentados, a pesar de ello dejadme deciros que en realidad no sabéis tanto y que cuando maduréis será maravilloso llegar a esa conclusión.  El verdadero conocimiento se oculta en la experiencia, el esfuerzo y la observación y para llegar él se necesita escuchar.  Por eso tenéis dos orejas y una sola boca, para escuchar el doble de lo que habláis.

Quiero, por último, deciros a los dos que os atreváis con el mundo.  Él necesita de vuestra grandeza, de vuestra diferencia y de todo lo que podéis aportar.  Olvidad el miedo, tan sólo existe cuando estás parado, una vez en marcha tan sólo hay un destino: el éxito.

No os preocupéis, todo irá bien.  La vida no es tan complicada como la pintan y vosotros ya venís con un plan B bajo el brazo.  Sólo preocuparos de disfrutar de lo que hacéis, de esa forma os ganaréis la vida sin tener que trabajar un solo día de vuestra existencia.

Vivid en mayúsculas siendo vosotros mismos, apostad por vuestras vivencias, no dejéis nunca de aprender,  no dejéis que nadie os haga pequeñitos, todo ello implica felicidad y éxito final.

Para acabar quisiera deciros a los dos, hijo o hija, que ha sido un honor y un lujo ser vuestra madre.  Quizás el mayor aprendizaje que un padre pueda tener nunca.  No me basta una vida para expresaros mi agradecimiento y amor hacia vosotros.

Sóis únicos, grandes e incomparables.  No lo olvidéis jamás.

Gracias por haberme elegido.