¿Dónde está la verdad?

La verdad es una, este es un hecho tan cierto como que cada día sale el sol (al menos de momento!).  Y si esto es así de simple…¿por qué hay tantos puntos de vista diferentes?

Según mi opinión hay varios factores que alimentan esa acción, pero el principal es que cada uno de nosotros se cree poseedor de la verdad y no solo de una verdad a medias, no, no…de la verdad absoluta  (vuelve a visitarnos nuestro amigo el ego, que está muy visto…pero no deja de ser real)

Os pondré un ejemplo de cómo lo veo yo:

Imaginad una botella gigante en medio de una sala, en la que dentro se haya metido un objeto cualquiera (da lo mismo, cualquiera nos vale).  Imaginad un sinfín de observadores que miran la botella desde ángulos distintos.  Según la posición la distorsión del vidrio será distinta y variará el contenido, el color que nuestros ojos perciban de la botella, también variará el contenido, y así podríamos ver diferencias hasta cansarnos.  El resultado será que cada uno de los observadores observará un objeto completamente diferente de su vecino y además querrá tener razón y convencer a quien sea que eso que ve es lo real.

Lo cierto es que sin datos adicionales como pueden ser el grosor del vidrio, la intensidad de la luz, el ángulo de observación, la refracción del cristal, su longitud de onda y muchas medidas más, no se podría hacer una observación completamente precisa de lo que alberga la botella en cuestión.

Es lógico ¿no? Hasta aquí todos lo entendemos.

Pues malas noticias, porque observar y opinar con un mínimo de datos es nuestra especialidad.  El siguiente paso a esta observación bajo mínimos es la crítica y el enjuiciamiento.  Y el resultado de todo ese berenjenal de información poco contrastada es…nuestra verdad absoluta.

Señores (y señoras)…las cosas nunca son lo que parecen, nunca.  Siempre hay una historia detrás, que si nos molestáramos en conocer, haría cambiar nuestra forma de ver las cosas y entender que cada uno tiene su forma de hacer.  Y eso es lo que realmente debemos asumir, aceptar al otro como es…no como nosotros queremos que sea.

Escuchar antes de hablar y juzgar, por eso tenemos dos orejas y tan solo una boca.

Diana Llapart