La escuela de padres

No existe una escuela de padres y nosotros  no nacimos sabiendo cómo serlo. Así que perdonadnos si no lo hacemos del todo bien.

Nacimos y aprendimos.  A veces a marchas forzadas, otras improvisando, otras educando como nos educaron, otras con dolor y otras, las más, con muchísima alegría.

No existe una escuela de padres y con cada decisión de traer un niño a este mundo hay una gran tarea detrás, tanto del hijo  como del padre, de aprender juntos cogidos de la mano.

No existe una escuela de padres pero lo que es muy cierto, es que cada uno de los padres ama a sus hijos, al margen de si lo hacen bien o mal.  El amor a un hijo es algo tan natural como respirar.

Así que cuando algún hijo piense o diga “yo soy así por culpa de mis padres” recordad lo dicho, que no existe una escuela de padres y que nosotros lo hacemos de la mejor manera que sabemos.

A veces nos equivocamos y no lo admitimos delante de vosotros.  A veces nos equivocamos y pedimos perdón.  A veces nos equivocamos y nos duele tanto que debemos retirarnos para no contagiaros nuestro dolor.  Y a veces, las más, no nos equivocamos y a pesar de ello os damos la razón.

Creéis que nos equivocamos cuando permitimos, con todo el dolor de nuestro corazón, que caigáis para que sepáis por vosotros mismos cómo levantaros, aunque nuestro impulso interior sea el de protegeros y serviros de cojín una y otra vez.

Recordad que no os miramos para disfrutar de vuestra caída, sino para ofrecer nuestra mano en caso necesario y  sentirnos orgullosos al ver cómo os alzáis de nuevo con vuestro propio pie.

Recordad también que cada golpe, a veces necesario, que sufrís hiere profundamente nuestro interior, añadiendo una nueva cicatriz al corazón.

No existe una escuela de padres y nos equivocamos muchísimo, pero intentamos mejorar, aprender y aceptaros como sóis con todas vuestras evoluciones y giros de carácter.  Y si por algún casual algún reproche sale de nuestra boca es porque vemos lo enormes que realmente sóis y lo pequeñitos que vosotros os empeñáis en ser.

Cuando seáis adultos y padres, recordad estas palabras, porque vosotros intentaréis, de igual modo, hacerlo lo mejor posible ya que amaréis profundamente a vuestros hijos de la misma forma que nosotros lo hacemos.  Y también os equivocaréis, pero a la vez descubriréis que el aprendizaje de ser padre es uno de los estudios más fantásticos que existe, simplemente porque se realiza en vuestra compañía.

Así que, cuando seáis adultos, no nos culpéis a nosotros los padres de no ser felices, os dimos la mejor educación que sabíamos y la decisión de aprender de esa educación y aplicar algo diferente o no en vuestra propia vida es responsabilidad vuestra, de nadie más.

No existe una escuela de padres y los padres siempre aman a sus hijos e intentan hacerlo bien, aunque no siempre lo consigan.

Con mi profundo amor y admiración para vosotros, los hijos.

Una madre, un padre.

Diana Llapart