Positivo ¡por favor!

Hay una gran parte de la sociedad que es la generación de la queja. Su discurso es circular sobre lo que podía haber sido y no es, o sobre lo que será que seguro saldrá mal fieles al espíritu melancólico y depresivo del vampírico Nosferatu en su versión más actual.

Si no estáis de acuerdo con lo que digo haced la prueba: mantened una conversación con cualquier persona, tan solo tendréis que esperar un par de minutos como máximo para que aparezca una queja.  Puede ser porque alguien no ha actuado como ellos querían, a pesar de haber hecho algo por ellos (siempre de agradecer, ¿o no?) por desear algo que no tienen, porque los niños se mueven demasiado, porque su jefe le exige lo razonablemente razonable, porque hace sol o porque no llueve.

El motivo es lo de menos, el hecho es que siempre habrá un motivo para quejarse.  Si les ha tocado la lotería se quejarán porque no ha sido suficiente, si alguien les ha hecho ganar un dinero sin esfuerzo, se quejarán de que esa persona no les haya hecho ganar más o porque haya cancelado una forma de ganancia, vete tú a saber…

Tiene su gracia, incluso recuerdo un caso de una persona en el paro que no deseaba otra cosa que trabajar quejándose día y noche de su situación.  Cuando por fin encontró trabajo no cesaba de quejarse de su horario de trabajo (uno muy normalito) y que no tenía tiempo para sí misma.  Lo dicho, nadie está contento con lo que tiene, pero curiosamente está encantado con lo que no tiene, así puede sacar mucho más jugo de angustia, queja y sopor para las pobres víctimas que deben aguantar su historia.

Y hay de todo, el abanico es inmenso para elegir tema, tan solo esperad en la cola del pan cinco minutos para enteraros de la crónica sentimental, corporal, laboral o mental en negro de varias almas sentenciadas a sufrir desavenencias crónicas mientras esperan la barra de cuarto.

Sin darse cuenta que en realidad lo tienen todo.

Queridos nuevos Nostradamus del mundo amantes de las visiones catastrofistas del futuro -y lo digo con muchísimo cariño porque en el fondo me fascina el estudio de esta nueva era de la negatividad en la que nos intentáis sumir-  si tenéis un techo sobre vuestra cabeza, una familia que os quiere y se preocupa por vosotros, un salario o pensión que podáis llegar a fin de mes sin preocuparos y compraros más que un capricho, salud en el sentido más amplio de la palabra (no incluye dolores leves y demás, de eso tenemos todos y no puede considerarse una enfermedad) sonreíd un poco más y aprended a ver lo positivo de vuestra propia vida.

De la de los demás ya se encargarán ellos, no os preocupéis, de verdad que no os necesitan.

Mirad a vuestro alrededor y maravillaros de todo lo que las personas, algunas os conocen, otras son anónimas, hacen por vosotros…y lo hacen porque sí, porque han conseguido ser felices y desean compartir esa felicidad con el mundo y con todos sus habitantes incluidos vosotros.  Algo para pensar largo y tendido, ¿no os parece?

Queridos Nostradamus, os propongo un reto para conseguir ese estado de alegría permanente que se llama positividad: coged un pensamiento negativo y haced exactamente lo contrario, pensad lo contrario.  Ya veréis qué bien sienta.

El éxito de cumplir todo aquello que deseemos tan solo tiene tres ingredientes: persistencia, positividad e imaginación.  Y si además lo hacemos con alegría, nos daremos cuenta que eliminaremos esa crítica que tan solo da lugar a mucha más negatividad,  e iremos consiguiendo nuestros objetivos haciendo el camino un poquito menos pesaroso para aquellos que lo están pasando mal, como si fuésemos una linternita en su camino…por un ratito…

Sienta muuuy bien.

Diana Llapart