Queridos hijos…

Queridos hijos, hija o hijo,

Desde la perspectiva que da la paciencia de haberte visto crecer, desde tus primeros pasos a ir detrás de ti mientras corrías los cien metros lisos para que no te pillara, de ponerte límites y normas que intentabas saltarte a la primera ocasión chantajeándome con la mejor de tus sonrisas; desde la perspectiva que da la paciencia de haberte escuchado las inacabables historias a la edad de tus tres años sin interrumpirte, de haber compartido tus risas, tus abrazos, tu dolor, tus miedos o tu rabia cada vez que te repetía hasta la saciedad (¡y te repito!) ponerte a estudiar o lavarte los dientes…

…quisiera decirte algo ahora que ya te veo enfrentarte a esa rara y contagiosa enfermedad llamada adolescencia.

Quiero decirte que se lo importante que es para ti ese granito que te ha salido en el momento menos oportuno, que para ti es un mundo aunque tu razón te diga que no hay que enfadarse tanto solo por ese hecho.

Quiero decirte que entiendo tu inseguridad, tu miedo a no crecer lo suficiente, a no tener suficiente bigote, a no tener suficiente músculo, a no ser tan delgada o no tener más pecho o simplemente no ser como los o las demás a tu edad.  Decirte que tus cambios de humor no son más que fruto de los grandes cambios en el que tú crees tu pequeño cuerpo y que todo, igual que una tormenta, se serenará para ofrecerte el más bello amanecer.  Cree en ti mismo o misma, eres tu mejor apuesta.

Quiero decirte también que aunque vives hoy y aparentemente no te preocupas por el futuro, se que dentro de ti no es así y entiendo tu inseguridad en cada respuesta cuando la famosa pregunta “qué quieres estudiar” se formula.  No temas, eres extremadamente valiente al decidir a tan temprana edad, decisión que algunos adultos aún no han tomado.

Querido hijo, me gustaría contarte que ningún niño se queda como niño, desafortunadamente (o no) todos crecen y se hacen hombres altos o no tan altos; que tu bigote crecerá igual que tu barba que tendrás que rasurar cada día, que tu voz cambiará a grave dejando en el recuerdo ese sonido dulce de criatura que tan loca vuelve a toda madre y que cuanto más tardes en crecer más alto y fuerte te tornarás; no te preocupes sólo ten un poquito más de paciencia.

Me gustaría decirte que aunque no te guste el resultado de tu cuerpo, es el cuerpo perfecto -no para mí que soy tu madre o padre- si no porque es el tuyo y es el que mejor se ajusta a ti.  Por ello te pido que desde el momento que lo notes cambiar lo cuides, lo mimes, lo respetes y lo protejas.  Desde la perspectiva desde donde te miro es la mejor inversión que jamás podrás hacer.

Querida hija, me gustaría decirte que aunque te veas llena de defectos, yo no cambiaría ni una sola cosa de ti.  Todo forma parte de tu perfección, de tu belleza, de tu identidad.  Me gustaría decirte que no te esfuerces en ser alguien que no eres solo por encajar, por ser popular.  Llegará un momento en tu vida en que ya no te importe, porque todos aquellos que te aman te aceptan como eres, pura y natural.  Llegará el momento, no muy lejano, en el que tú misma te aceptarás como la mejor versión de ti misma asombrando a todo aquel que se cruce en tu camino.

Me gustaría decirte que no te preocupes por no tener novio, por ser virgen o por tener esas piernas demasiado gruesas, delgadas, largas o cortas que tapas con tanta vergüenza.  Te diría además que tuvieras paciencia.  La experiencia me ha enseñado que por cada alma sola hay otra alma sola afín que la busca, pero que pasa de largo si tu corazón está ocupado con otros menesteres.

El amor siempre te encontrará si tu corazón está abierto a él, no lo cierres si alguna experiencia ha salido mal, tan solo es un camino más. Me gustaría recordarte también que el amor de verdad nunca duele, no se vende y es libre.

Quiero decirte que no temas a la soledad.  Si tú quieres y sólo si quieres encontrarás a esa persona que iluminará tu sonrisa y que igual que yo, no cambiaría ni una pestaña de ti, contará cada uno de tus lunares y se deleitará con cada defecto de tu piel.

Me gustaría aconsejaros a los dos, hijo o hija, que vuestra primera vez sea con alguien que améis y que os ame y respete de igual modo, que sea con plena consciencia del hecho y del tiempo en que sucede, no fruto de  la prisa por encajar en un entorno de amistades falsas o una borrachera en la que quizás no os hubiera gustado participar.  Llegado el momento me gustaría deciros que sobre todas las cosas, protejáis vuestro cuerpo, respetadlo y cuidadlo.  Es vuestro Templo.  Recordad  también que un no siempre será un no (tanto si eres hombre como mujer) y que siempre tenéis derecho a cambiar de opinión, vuestra libertad, al igual que vuestro cuerpo, tampoco se vende.

Querido hijo, desde la perspectiva que me da el recorrido de mi edad también me gustaría decirte que no te preocupes en exceso por tu futuro.  No te limites. No te encasilles.  La vida cambia demasiado rápido para elegir dedicarse a una sola cosa; debo decirte sin embargo que la inspiración, la creatividad, el éxito y la fortuna siempre te encontrarán cuando estés trabajando.  Son poco amigas de la comodidad y la inactividad.

Desde la perspectiva que da la paciencia de haberte visto crecer, de observarte y de intentar comprender cada uno de tus actos me gustaría decirte que todo está  y estará bien.  Sea el camino que elijas para tu vida te irá bien y puedo asegurarte que a partir de lo que quieras ser se abrirán un sinfín de nuevas sendas repletas de oportunidades. No te exijas tanto, te queda una vida entera para construir lo que desees.

Quisiera decirte también que aunque creas que ahora debes tomar la decisión de tu vida, de un futuro que crees te marcará para siempre nunca es tarde para el cambio, para estudiar algo nuevo, para cambiar de carrera, de profesión o de decisión.  Apuesta por lo que te haga sentir bien, lo que te llene, lo que haga aflorar una sonrisa en tus labios, lo que despierte tu curiosidad y te haga temblar de emoción.  Tienes tiempo más que suficiente.

Quisiera deciros a los dos desde la paciencia que vosotros me habéis regalado al crecer, que tengáis eso, paciencia.  Os servirá para apreciar cada minuto de vuestra familia cuando no la tengáis cerca, para disfrutar de esos cafés con amigos, obras teatrales al aire libre o risas espontáneas.  Para apreciar vuestros éxitos, que serán muchos más de los que jamás os podréis imaginar.  Para asumir cómo son y amar con locura y cordura a vuestra pareja y futuros hijos si algún día decidís tenerlos.  La paciencia os garantiza vivir plenamente cada momento.

Quiero deciros que soy consciente de que pensáis que sois muy sabios, que creéis dominar las cosas mucho mejor que cualquier adulto, que no necesitáis consejo porque ya sois muy experimentados, a pesar de ello dejadme deciros que en realidad no sabéis tanto y que cuando maduréis será maravilloso llegar a esa conclusión.  El verdadero conocimiento se oculta en la experiencia, el esfuerzo y la observación y para llegar él se necesita escuchar.  Por eso tenéis dos orejas y una sola boca, para escuchar el doble de lo que habláis.

Quiero, por último, deciros a los dos que os atreváis con el mundo.  Él necesita de vuestra grandeza, de vuestra diferencia y de todo lo que podéis aportar.  Olvidad el miedo, tan sólo existe cuando estás parado, una vez en marcha tan sólo hay un destino: el éxito.

No os preocupéis, todo irá bien.  La vida no es tan complicada como la pintan y vosotros ya venís con un plan B bajo el brazo.  Sólo preocuparos de disfrutar de lo que hacéis, de esa forma os ganaréis la vida sin tener que trabajar un solo día de vuestra existencia.

Vivid en mayúsculas siendo vosotros mismos, apostad por vuestras vivencias, no dejéis nunca de aprender,  no dejéis que nadie os haga pequeñitos, todo ello implica felicidad y éxito final.

Para acabar quisiera deciros a los dos, hijo o hija, que ha sido un honor y un lujo ser vuestra madre.  Quizás el mayor aprendizaje que un padre pueda tener nunca.  No me basta una vida para expresaros mi agradecimiento y amor hacia vosotros.

Sóis únicos, grandes e incomparables.  No lo olvidéis jamás.

Gracias por haberme elegido.