¿Te echarán de menos?

Hay muchas formas de sobresalir, puedes ser notado o dar la nota. Puedes hacer ruido o ser ruidoso. Puedes crear discusiones o ser el discutidor. Puedes amargar o ser amargado, ser víctima o agresor, conflictivo o dificultoso. Puedes ser el centro de atención o actuar como una diva. Puedes elegir enfadarte en cualquier ocasión y dejar que ese malestar se propague como un humo denso a ru alrededor hasta tener todo el control emocional.

Puedes ofenderte y de nuevo recrearte en tu posición de víctima. Puedes burlarte, reírte de los demás, ponerlos en ridículo gastando bromas sobre sus debilidades en público para sentirte protagonista de la situación. Hasta puedes quedarte solo en una esquina con tu frente ceñida mirando despectivamente a tu alrededor.

Puedes utilizar tus dramas personales para manipular la situación y salirte con la suya.

Puedes gritar, llorar, patalear o interrumpir constantemente.

Puedes montar escenas, crear bulos o escándalos o intimidar a todo el que se acerque.

Puedes imponer tu verdad porque sí, porque tú siempre tienes razón.

Puedes cargar la culpa a personas que no la tienen, manipular la verdad a tu conveniencia y creerte realmente que las cosas son así mientras criticas a quien te ha ayudado.

Puedes ser pesado, enviar spam a diestro y siniestro o exigir una respuesta inmediarta por watsap.

Seguro que todo ello te lleva ser protagonista de la escena, a ser recordado.

La pregunta es cómo.

¿Cómo vas a ser recordado?¿como la persona que todos quieren olvidar?

¿O quieres ser recordado como aquella persona que cuando vuelva el equilibrio echarás de menos. Aquel al que extrañarás cuando se haya ido. Aquel que te haga sonreír al recordar?

Para llegar hasta este punto hay un doble trabajo emocional. Por un lado el de aceptación de la situación, del otro, de ti mismo.  Por otro el propósito de evitar todo tipo de manipulación de la situación a tu favor.

Realizar el esfuerzo de contribuir, de tener la mente abierta, de ser justo, objetivo, paciente para ver la película al completo para conseguir el objetivo a medio o largo plazo.

Si fuera rápido o fácil o simple todo el mundo sería recordado…y no lo son.

Se basa en la confianza entre tú y tu alrededor.

Se trata de tu yo interno real, de todo lo que puedes ofrecer que te beneficie en igual modo que beneficia a tu alrededor.

Se basa en el esfuerzo y no la comodidad, se basa en la emoción y no la dejadez.

Porque al final es tu reputación la que hará sonreír a otro cuando te recuerde.

Porque al final piensa…¿ cómo quieres tú ser recordado?…¿haciendo ruido o creando paz?

¿Valió la pena?

Hay una cosa clara: todo lo que hagas tiene consecuencias.

La cuestión es si tus acciones te hacen sentir bien.

Si lo que creas, de palabra o acción, te hace sentir pleno.

Si lo que dices construye y no sólo te hace sonreír a ti, si no también a quien te rodea.

Si en ese momento único contigo mismo, por la noche al cerrar tus ojos para recibir el tan necesario descanso, lo haces en paz y en alegría.

Si la respuesta es sí el camino tan solo puede depararte éxito en todos los aspectos de tu vida.

Si la respuesta es no deberías plantearte si las consecuencias de esos actos, esas palabras o esas acciones valieron la pena.  Si valió la pena entristecer, llenar de ira o decepción el corazón de alguien.  Si valió la pena el querer tener razón, el orgullo y el distanciamiento de aquellos que un día quisiste. Si valió la pena hacer daño gratuitamente, algo difícilmente reparable.

¿Lo ha hecho?

Quizás deberíamos recordar todos que la razón es universal y se crea con el conjunto de opiniones.  Que el amor transciende fronteras, hasta las más duras.  Y que nunca vale la pena entristecer el alma de alguien simplemente por miedo o ansia de poder, sea del tipo que sea: energético, político o monetario.

Talleres relacionados

No puedes agradar a todos

Algunas personas aman lo que haces.  Aman cómo lo haces, aman el servicio que das, aman tu producto.  Te aman a ti.

Otras no.  Son las que te dan una estrella en google, las que pasan de largo o te ignoran, o critican el mismo servicio y producto que otros aman.  ¿Cómo se entiende?

Es simple: ni tú ni tu producto es para ellos.  No encaja en su visión, ni en su forma de ser, ni en su política de vida.  No te entienden, no comprenden qué es o para qué sirve realmente.

Por mucho que intentes explicárselo de nuevo o aclararlo, no ganarás su confianza.

O simplemente no quieren comprártelo a ti.

Sea como sea asume que te envían un mensaje claro: no eres para ellos.

Y ese mensaje debería de llevarte a uno posterior: no pasa nada, no estás haciendo nada mal, únicamente asume que no puedes agradar a todo el mundo.

Todo está bien, tan solo se la mejor versión de ti mismo.  Así es como construyes tu propio camino hacia el éxito.

Talleres sobre el tema

 

Escuchar activamente

Desde pequeños nos enseñan a escuchar, a escuchar pasivamente.

Quédate quieto, no hagas ruido, no te muevas, no asientas, no llores, supéralo.

Con todo ello poco a poco la capa de protección se engrosa, tanto que pierdes la percepción de ti mismo.  De tu cuerpo. De tu alma.

Te olvidas del interior.  Te olvidas de escuchar activamente.  Te conviertes en oyente, sólo oyes.

Las personas hablan y hablan, de vez en cuando con alguna pausa para crear la ilusión de que escuchan.  Es un engaño, no interrumpas.  La escucha pasiva se basa en dejarlos hablar.

Escuchar activamente significa mojarte.  Significa interrumpir para pedir una clarificación. Implica entender además de oír para poder preguntar cuestiones complejas y crear una conversación interesante en la cual crezcan las dos partes.

Escuchar activamente implica cerrar tus ojos, tus oídos a la cháchara sin sentido y dejar que fluyan los sonidos de tu interior.  Dejar que surja la información que tu propio cuerpo te grita. Abrazar esos avisos y sonreír a tu alma.  Conocerte, perdonarte y liberarte.

Escuchar activamente implica avanzar, crear, abrir nuevos caminos de lo que has aprendido.  Nuevos pensamientos rompiendo paradigmas antiguos, dejando atrás el miedo, la costumbre y el rencor.

Significa hacer vibrar en otros la semilla del cambio.

Significa encontrarte de nuevo en tu propia voz.

Talleres sobre el tema

La persona primero

Hace dos días escuchaba en la radio mientras me dirigía al trabajo la peligrosidad de las redes sociales y la mensajería instantánea. Uno de los temas sobre los que se hablaba era la inmediatez de la información, otro sobre la veracidad de la misma. Hemos llegado al extremo, decían con razón, y como en muchas cosas, de creer todo lo que se publica simplemente por el hecho de ser publicado y esto, es muy peligroso porque tiene un efecto incendiario inmediato, un fuego que puede tardar mucho tiempo en apagarse.

Esa información que en ningún caso se contrasta, ni se piensa en contrastar, destruye algo más. Destruye algo tan sagrado como la esencia de la persona porque antepone la ideología a los propios valores. La disecciona entre bien y mal, entre estar de acuerdo en cómo piensa o no, en olvidar que la persona es un todo y que un día decidimos, porque así lo sintió nuestro corazón, aceptar su luz y su oscuridad independientemente de cualquier ideología que profese.

Esa información que en la mayoría de las ocasiones es fruto de una manipulación mediática que toma ambos bandos separa mundos, separa lugares, separa y aleja a amigos y conocidos que un día decidieron explorar un campo ajeno al suyo y quizás escuchar un pensamiento ajeno al suyo sin prejuicio alguno, tan solo por un dictamen que su propio corazón marcaba.

La inmediatez de la información, el descontrol de una manipulación mediática en todos los bandos nos sumen en una incerteza y una ansiedad que ninguno ha pedido. Nos privan de la libertad de poder expresar nuestra opinión porque sea la que sea, recibiremos un aluvión de respuestas en ningún caso constructivas ni proactivas y eso nos lleva al miedo, al silencio y al aislamiento.

Creo en el equilibrio, creo en la libertad de todas las formas posibles pero no en el libertinaje y sobre todo creo en la persona. Amo a mis amigos como son con sus defectos y sus virtudes, me da igual si piensan en rojo en amarillo o en púrpura porque veo más allá, veo su luz y su oscuridad y acepto ambas dentro de mi corazón. No entra en mi cabeza el juzgar su punto de vista porque no hay nada que no se solucione hablando con una buena taza de té y si algo ha dicho o escrito que no cuadra mi entendimiento pienso que siempre habrá un motivo detrás que en este momento se me escapa y que por ello no echaré por la borda todo el amor que siento por él o ella. Acepto su todo. De la misma manera espero que acepten mi todo, mis opiniones, mis virtudes y mis defectos, mi luz y mi oscuridad. Si nos quedamos tan solo con una parte de las personas la historia está incompleta.

Vengo de una familia de extremos, mi padre y mi madre eran de políticas totalmente extremas pero eso jamás impidió que se amaran muchísimo durante más de cincuenta años. Jamás impidió que entablaran diálogo y confrontaran sus posturas sin extremismos. Quizás sea esa una de las lecciones más importantes que he aprendido, el poder ver la luz que reside en cada persona en lugar de centrarme en su oscuridad. Al fin y al cabo es esa luz la que nos atrae de ellas y no otra cosa.

Estamos en un momento que se nos ha olvidado anteponer ese todo, esa luz, esa persona a la ideología, a la noticia, a la instantánea. Salta a la vista lo que provoca: ansiedad, malestar, falta de diálogo, tristeza, desazón, silencio, lágrimas e insomnio. Algo evidente con este post escrito a las cuatro de la mañana.

Creo que nunca es tarde para construir puentes, para recordar quienes y qué somos, para olvidar dogmas y ver mucho más allá, para ver el cariño que nos une simplemente por ser seres humanos. Todos temblamos y nos unimos en una catástrofe, olvidamos qué pensamos, de dónde venimos para convertirnos en seres humanos y ayudar. Ponemos la persona antes que la ideología y así ocurre la magia.

Hoy es un día especialmente triste en el que algo se ha roto en mi interior, situación macerada por todo lo que está ocurriendo. Pero igual que una antigua técnica japonesa que da belleza a la loza rota rellenando sus rendijas y posibles fisuras con oro consiguiendo una pieza sin igual, tengo fe en esa luz oculta dentro de cada persona, esa luz que ninguna manipulación mediática sea del lado que sea, podrá apagar.

Hablemos, pero hablemos desde amor que es lo que nos une.

Sócrates y sus filtros

Sócrates en un brillante escrito nos legó sus tres filtros.  Utilizar cada vez que se habla la verdad, la bondad y la necesidad de decir lo que se expone a otro.  Blanco y en botella.

Así que en realidad es sencillo, si tienes algo que decir asegúrate que sea verdad.  No tu verdad, si no una que sea justa, transparente y más cercana a la realidad.

Si tienes algo que decir empápalo en bondad.  Aleja esa crítica fruto de la prepotencia o envidia.  Esa en la que se emplea la crítica por la crítica, la que está disfrazada de frustración o de un pasado que se añora y en la que es extremadamente fácil corregir alguna cosa que se desconoce.  Sigue siendo muy fácil: haz algo parecido, hazlo mejor y entonces critícalo…si puedes.

Si tienes algo que decir piensa antes de que salga por tu boca.  Piensa si es necesario.  Si va a cambiar algo (aparte del ego o el mal rollo).  Si va a molestar a alguien.  Si va a ayudar proactivamente a alguien.  Y por último plantéate si eso tan necesario a decir es más importante que el silencio, si no…déjalo estar.

Conocemos estos filtros desde que Sócrates murió, allá en el año 399 a.c. legados por su discípulo Platón.  Ya va siendo hora que comencemos a aplicarlos en serio.

Diana Llapart

Talleres relacionados