Tu mapa, el territorio

El mapa no es el territorio.

El mundo es enorme, lleno de información, tan vasto y rico que para darle sentido lo simplificamos.

Lo simplificamos haciendo mapas, es la manera como damos significado al mundo.  Pero recuerda que es tu mapa o mi mapa y que seguramente, aunque hablemos de lo mismo, el mapa será diferente.

El motivo es porque los mapas son selectivos, dejan de lado un tipo de información que creen irrelevante al mismo tiempo que brindan otra que estiman importantísima. De ese modo el tipo de mapa que hagas dependerá de lo que veas y a dónde quieres llegar.

Dicho de otra manera, el ser humano hace caso a aquellos aspectos del mundo que le son de interés e ignora el resto.

Si creéis que exagero tan solo probad a poner en vuestro buscador de internet ¿cómo ve el mundo un australiano? o un asiático, o un ruso…

Pero más allá queda el inmenso y vasto territorio que se ha ignorado expresamente con millones de mapas, verdades y realidades más.

Quizás deberíamos tener más en cuenta este punto fundamental en lugar de insistir en que nuestro mapa es el único válido.

 

¿Te echarán de menos?

Hay muchas formas de sobresalir, puedes ser notado o dar la nota. Puedes hacer ruido o ser ruidoso. Puedes crear discusiones o ser el discutidor. Puedes amargar o ser amargado, ser víctima o agresor, conflictivo o dificultoso. Puedes ser el centro de atención o actuar como una diva. Puedes elegir enfadarte en cualquier ocasión y dejar que ese malestar se propague como un humo denso a ru alrededor hasta tener todo el control emocional.

Puedes ofenderte y de nuevo recrearte en tu posición de víctima. Puedes burlarte, reírte de los demás, ponerlos en ridículo gastando bromas sobre sus debilidades en público para sentirte protagonista de la situación. Hasta puedes quedarte solo en una esquina con tu frente ceñida mirando despectivamente a tu alrededor.

Puedes utilizar tus dramas personales para manipular la situación y salirte con la suya.

Puedes gritar, llorar, patalear o interrumpir constantemente.

Puedes montar escenas, crear bulos o escándalos o intimidar a todo el que se acerque.

Puedes imponer tu verdad porque sí, porque tú siempre tienes razón.

Puedes cargar la culpa a personas que no la tienen, manipular la verdad a tu conveniencia y creerte realmente que las cosas son así mientras criticas a quien te ha ayudado.

Puedes ser pesado, enviar spam a diestro y siniestro o exigir una respuesta inmediarta por watsap.

Seguro que todo ello te lleva ser protagonista de la escena, a ser recordado.

La pregunta es cómo.

¿Cómo vas a ser recordado?¿como la persona que todos quieren olvidar?

¿O quieres ser recordado como aquella persona que cuando vuelva el equilibrio echarás de menos. Aquel al que extrañarás cuando se haya ido. Aquel que te haga sonreír al recordar?

Para llegar hasta este punto hay un doble trabajo emocional. Por un lado el de aceptación de la situación, del otro, de ti mismo.  Por otro el propósito de evitar todo tipo de manipulación de la situación a tu favor.

Realizar el esfuerzo de contribuir, de tener la mente abierta, de ser justo, objetivo, paciente para ver la película al completo para conseguir el objetivo a medio o largo plazo.

Si fuera rápido o fácil o simple todo el mundo sería recordado…y no lo son.

Se basa en la confianza entre tú y tu alrededor.

Se trata de tu yo interno real, de todo lo que puedes ofrecer que te beneficie en igual modo que beneficia a tu alrededor.

Se basa en el esfuerzo y no la comodidad, se basa en la emoción y no la dejadez.

Porque al final es tu reputación la que hará sonreír a otro cuando te recuerde.

Porque al final piensa…¿ cómo quieres tú ser recordado?…¿haciendo ruido o creando paz?

Abrazar la emoción

La emoción ¡qué gran palabra! Pero qué miedo da cuando la pensamos en negativo.
Os propongo algo.
Vamos a cambiar un poquito la visión de las cosas, vamos a abrazar todo lo que está en nuestro interior, tanto los recuerdos que hacen que emerja una sonrisa a los labios como los que causan una punzada de dolor en el centro exacto de nuestro pecho, ahí donde está el chakra del corazón.
¿Por qué? Porque forma parte de tu experiencia vital, porque sin ello no serías tú.  No serías tan sabio como eres ahora.
Si no se abrazan todas las emociones, incluyendo el dolor, la rabia o la decepción, no se puede aprender de la experiencia vital que aportan.  Y toda lección que no se aprende se repite.
Así que tal y como yo lo veo no nos queda otra mas que observar y dejar fluir esa emoción de tal manera que surja al exterior, darle las gracias por la experiencia y con una sonrisa dejarla ir con un corazón abierto.  Si no se hace así y cerramos el corazón se quedará atrapada para siempre dentro de esa coraza en el centro de nuestro pecho y experimentaremos el dolor una y otra vez.
Recordemos de nuevo, una lección se repite hasta que se aprende.  A veces y si estamos atentos, sólo hace falta una vez.

Sobre los planes…

Evernote me pregunta qué pienso mientras sobrevuelo Europa a 9000 metros de altura.  Lo bueno de estar sentado durante tres horas en un avión, al margen del agobio que supone para un hiperactivo como yo, es que puedes pensar en cosas cotidianas ante la imposibilidad de hacer cosas cotidianas.
En estos momentos pienso mucho.  Pienso en cómo nos limitamos en el sentido más amplio de la palabra.  Cómo nos limitamos físicamente -como yo ahora en una especie de tubo que vuela por los aires aunque sea para llegar a un bien mayor: mi destino en alguna parte- cómo nos limitamos emocionalmente cerrando nuestro corazón al recibir alguna desilusión en lugar de entender que provienen de las expectativas que ha creado nuestra propia visión de las cosas en lugar de la realidad en sí, y cómo limitamos nuestras experiencias, aprendizaje y futuro.
A este respecto planificamos cada minuto de lo que hacemos para obtener los frutos en un futuro, con una creencia ciega de que cuanto más claro tengamos el futuro con más probabilidad surgirán esos planes.
Bueno, vale… es el plan con el que nos han criado en casa, en el colegio o en la misma empresa que nos prometió hace tiempo que seríamos una estrella y que llegaríamos a un puesto importante por ser número uno de la promoción -a veces funciona, las menos, a veces no, las más-.
Pero pienso…¿Qué pasaría si en lugar de vivir el mañana en esa planificación tan rígida, lo hago hoy trabajando tangiblemente en lo que poseo ahora para disfrutar  de todo lo que pueda aparecer?
¿Qué pasaría si mis planes cambiaran mañana y llegara una oportunidad mejor en otro ramo, otra forma u otro aspecto? Fijaros en la causalidad de facebook, starbucks o el inventor de los post-it, nada fue creado buscando lo que ha llegado a ser.
Si somos rígidos y cuadriculados en nuestros planes es exactamente eso lo que tendremos en un futuro, sin magia adicional.
Y la magia, los regalos y causalidades que nos vamos encontrando en la vida, es lo realmente hace la pena vivirla.
Si queréis ver a Dios reírse a carcajadas, tan solo tenéis que explicarle vuestros planes.

¿Cuándo se nos olvidó?

Estoy en el coche, música relajante de piano de fondo, esperando en la primera línea de arranque a que el semáforo de la transitada Diagonal se ponga en verde.

Es un buen momento para fijarse en lo que cruza delante de uno.  Personas pasan pisando ese paso de cebra que poco a poco les llevarán al otro lado de la avenida.  Pasan dormidos, en bicicleta, cabizbajos, escuchando música.  La gran mayoría mirando el móvil que les da la última noticia de instagram, twitter o facebook.

Pero hay algo diferente que me hace sonreír: una personita de la mano de su abuela que está más pendiente de todo lo que le rodea más que de caminar.  Su mentora intenta apresurarle sin éxito mientras la luz de peatones parpadea. Él, con esa sabiduría inmensa que tienen las personitas de apenas un metro de altura, sigue asombrándose de su alrededor, sorpresa tras sorpresa, boca y ojos bien abiertos, mientras sus pasos tambalean para llegar a la otra orilla de este río de asfalto.

Sigo su trayecto y mi sonrisa se hace mayor cuando por fin y con un último salto salva el obstáculo de subir a la acera.

El semáforo cambia de color y arranco pensando…

¿en qué momento se nos ha olvidado asombrarnos con las pequeñas cosas, las grandes cosas de nuestro alrededor?

¿en qué momento se nos ha olvidado mirar hacia el cielo, pausar y disfrutar de la luz, del sol, del color?

¿en qué momento hemos cambiado una fotografía en el móvil por la experiencia de vivir esa misma instantánea?

¿en qué momento…?

Asómbrate, vuélvete niño de nuevo, aprende y vuelve a vivir cada segundo todo lo que te regala tu alrededor.  Eso es el mítico «vivir el ahora».  Realmente no es tan complicado.  Ya has sido niño antes, vuelve a intentarlo.

Diana Llapart

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Los dos tipos de gracias

Existen dos tipos de gracias y curiosamente aunque comparten el mismo vocablo distan un infinito uno de otro.

El primero es el aportado por la educación.  Es el que te enseñaron a decir al recibir alguna cosa hubieras pedido o no -aunque no nos engañemos, algunos obvian este principio básico de educación-.

Después está el segundo tipo, el que sale del corazón.  El que se expresa de forma natural cuando alguien se preocupa por ti, cuando sientes la amabilidad al preguntarte, cuando te escuchan con bondad; el que te sale de tus labios sin pensar apreciando todo el esfuerzo que alguien ha hecho por ti.

El que simplemente calienta tu corazón cuando sabes que alguien allí fuera piensa únicamente en ti.

Rodéate de esas personas que dan a la palabra “gracias” todo su sentido, esas personas que te provocan una sonrisa al pensar en ellas.

Vale la pena vivir en un mundo a su lado.