¿Por qué no me sale bien?

La gran pregunta ¿Por qué no me sale bien?

Te mueves, trabajas para que tu proyecto, tu creación haga ruido, para que llegue al público, llegue al exterior.  Después llega la frustración de ver que todo el esfuerzo no da los resultados esperados.

¿Por qué tus proyectos, tus ideas, tus metas no salen bien?¿por qué se postergan, se diluyen, se paran?

Quizás sea porque no sabes exactamente qué necesitas hacer.

Quizás porque no sabes hacer lo que necesitas hacer.

O quizás sea porque te da miedo enfrentarte a algo nuevo, a lo que realmente debe hacerse.

Después llega la frustración.  La que te limita.  La que impide moverte.  La que te provoca hastío. La que pone en palabras y pensamientos de los que te observan -aquellos que no se mueven y continúan por el camino de la burocracia rígida- el famoso “te lo dije”.

Pero…

Te explicaré algo sobre la frustración: quien no se frustra no avanza.  Quien no se ha frustrado nunca vive en la complacencia de un éxito engañoso.  Quien no se ha frustrado alguna vez no se levanta al caer, se queda en el suelo víctima de la queja, atrapado en ella.

Te diré algo más sobre la frustración, te enseña algo importantísimo: cómo levantarse de nuevo con una nueva actitud.  Te vuelve creativo.  Te vuelve más atento.  Te vuelve más sabio.

Así después de la rabia, enfado, hastío cuando llegues la frustración recuerda para qué sirve.  Recuerda su aprendizaje.  Recuerda que te enseña algo más que puedes hacer.

Puedes cambiar de modelo,  diseccionar tu proyecto, globalizarlo, simplificarlo, abrir un nuevo camino, o simplemente probar, probar y probar.

Frustrarte sobre todo te enseña a lidiar con tu miedo, porque tu miedo es el factor limitante de que tu proyecto no se lleve a término.

Fluye en tu proyecto, cree en ti mismo, se creativo, trabaja con alegría y deja que el universo ponga las cosas en su lugar.

Es mucho más fácil de lo que crees.

Sócrates y sus filtros

Sócrates en un brillante escrito nos legó sus tres filtros.  Utilizar cada vez que se habla la verdad, la bondad y la necesidad de decir lo que se expone a otro.  Blanco y en botella.

Así que en realidad es sencillo, si tienes algo que decir asegúrate que sea verdad.  No tu verdad, si no una que sea justa, transparente y más cercana a la realidad.

Si tienes algo que decir empápalo en bondad.  Aleja esa crítica fruto de la prepotencia o envidia.  Esa en la que se emplea la crítica por la crítica, la que está disfrazada de frustración o de un pasado que se añora y en la que es extremadamente fácil corregir alguna cosa que se desconoce.  Sigue siendo muy fácil: haz algo parecido, hazlo mejor y entonces critícalo…si puedes.

Si tienes algo que decir piensa antes de que salga por tu boca.  Piensa si es necesario.  Si va a cambiar algo (aparte del ego o el mal rollo).  Si va a molestar a alguien.  Si va a ayudar proactivamente a alguien.  Y por último plantéate si eso tan necesario a decir es más importante que el silencio, si no…déjalo estar.

Conocemos estos filtros desde que Sócrates murió, allá en el año 399 a.c. legados por su discípulo Platón.  Ya va siendo hora que comencemos a aplicarlos en serio.

Diana Llapart

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¡Morle toma vida!

Es una gran satisfacción poder decir que uno de mis proyectos, de esas ideas que están en proceso de desarrollo dentro de mi cabeza toma vida.

El proyecto en sí es Morle, una novela de ficción que explica la evolución de la Tierra desde su nacimiento hasta hoy a través de los ojos y la memoria de una joven.

Tres jóvenes y talentosas artistas, Carla, Marta y Paula, han tomado el testigo llevando la obra al escenario.  Una historia de miedos, límites y vulnerabilidad, pero también alegría e ingenio, todo conectado a partir de la no tan lejana historia de la protagonista, serán algunas de las cosas que ella, con los recuerdos a flor de piel, descubrirá a medida que se adentra en este enérgico e inmersivo viaje.

Una obra tan grande como las personas que las componen que seguramente te sorprenderá y emocionará.

Morle se representará los días 7, 8, 14 y 16 de septiembre del 2017.

Encontraréis más información y reserva de entradas en el siguiente link: Welcome to Morle

Ha llegado a su destino

Subes al coche, introduces tu destino en el gps, sigues indicaciones sin preocuparte demasiado si es el camino corto o largo o cualquier camino, confías plenamente en el gps hasta que esa voz medio metálica te dice «ha llegado a su destino».

Con todo lo referente a la felicidad se hace lo mismo.  Encuentras frases motivadoras por todos lados, redes, tablones, cuadros… «mi objetivo es ser feliz», «mi destino es el amor incondicional», «el fin es estar en equibrio», «camino hacia mi felicidad»…

Siento decirte que no hay un gps que te conduzca a la felicidad, al equilibrio, al amor incondicional o a donde sea que quieras ir.

No hay ese fin, no es ese el objetivo, ningún camino te lleva al Paraíso o Shambala o Nirvana.  Esto no funciona así, no funciona en tu carrera, no funciona en tu vida ni en tu relación con otros.

Seguro que ahora te he descolocado…(añado una amplia sonrisa traviesa)

El secreto es que nunca llegarás porque ya estás ahí, ya has llegado.

Tu camino, aquel que nadie más que tú elige, donde encontrarás la  felicidad, el equilibrio o el amor incondicional, está en ti.

Tú decides si este camino es negativo, lleno de discusión, oscuro o placentero, comunicativo, fácil e iluminado.

Tú decides lo que te encuentras en él y con quién lo compartes.

Sin embargo si lo que decides es llegar a tu destino y encontrar todo lo que deseas allí, el gps te dirá «dirección no encontrada» porque no está ahí.

Tu vida es el camino y lo que tú decides encontrarte es sólo tu responsabilidad, así que no te molestes en culpar a otros de no encontrar lo que no cosechas, practicas o ejecutas.

Tú decides, dar todo el poder al gps y esperar a que algo suceda o introducir la nueva hoja de ruta de un camino en el que todo sucede.

 

¿Qué pasaría si…?

Ya lo sé, es un o una borde, sin modales, consciencia o empatía de ninguna clase.

También sé que se merece todo lo que pueda salir en este momento de tu cabeza, boca, ojos y oídos. Se merece todo tu sarcasmo y más…

Y por último sé que es totalmente justificable que uses mucho de tu tiempo y energía en la crítica, en la venganza, aunque sientas que eso poco a poco te hace sentir más rabia, más impotencia y más rencor.

Pero ¿qué pasaría si…

…decidieras que no quieres cargar con esa hostilidad continuamente?

Si decidieras que todo el tiempo que dedicas a crear ese odio, esa crítica, ese rencor hacia una persona que no merece tu tiempo, lo dedicaras a otra cosa.

Qué pasaría si decidieras librarte de lo que esa persona que no te agrada en absoluto te ha hecho, si decidieras librarte de su control.

Tenlo claro, no vas a enseñarle ninguna lección porque lo que tenías que haberle dicho o hecho tan solo está en tu cabeza y eso, no enseña a nadie…ni si quiera a ti.

¿Qué pasaría si simplemente pasas de él o ella?

¿Qué pasaría si en lugar de perder el tiempo con esa persona nefasta lo utilizaras en crear algo mágico?

Invierte en magia, no en rencor…tú te lo mereces.

 

Cuando hagas algo, simplemente hazlo

Ayer domingo, mientras hacía deporte, pasé por un parque.  En una de las zonas de toboganes y columpios un padre se reía con su hija de apenas dos años mientras la hacía bajar por el tobogán, toda una aventura según mostraba su cara.  Cuando tocaba el suelo brincaba y corría de alegría para el mayor gozo de padre.

En otra de las zonas, una madre columpiaba a su hijo de la misma edad pero en lugar de disfrutar con él la experiencia de poder volar sin alas (eso creía yo de niña cada vez que me montaban en un columpio, pidiendo más alto, más alto) empujaba mecánicamente al pequeño mientras se reía con un chat del watsapp.  El niño miraba hacia la otra zona con envidia y si pudiera hablar y expresar lo que sentía, seguro que le hubiera dicho a su madre que el columpio, el parque o la salida no tiene sentido si no va acompañada de la atención e implicación de su madre/padre.

Los hijos quieren momentos de calidad con sus padres, sea en el parque, en disneylandia o en su salón.

La conclusión de esta pequeña visión o momentum no es otra que vivir lo que estás haciendo, sea lo que sea.  Si corres, corre.  Si cocinas, cocina.  Si pasas tiempo con tus hijos, disfruta el tiempo con tus hijos.  Si estás con tu pareja, amigo o conocido, disfruta.  Si miras una puesta de sol, mira.

Deja a un lado la tecnología, la foto, los pensamientos y el futuro.  Tan solo vive el momento.

Así de fácil.

Diana Llapart