Tomar decisiones

Cada momento de cada día tomas decisiones, tanto si conoces la solución o no.  Tomas decisiones a la hora de comer, de conducir, de leer…También tomas la decisión de parar y hacer otras cosas, o buscar un momento para ti.

Después vienen las decisiones importantes que tienen un impacto en tu futuro más o menos cercano, por lo que siempre intentarás buscar la decisión «buena».  Crees que todo lo que haces y tienes en este momento se debe en parte a las decisiones que tomaste en el pasado. Ese pensamiento tensa ¡y cómo tensa!

Yo creo que el mundo, el cuerpo, la mente, la intuición está en una constante transformación.  Se adapta a la situación, al entorno y al estado de ánimo.

Según mi punto de vista también vivimos en ese constante cambio y también lo hacen las decisiones que tomamos.  Sea lo que sea que elijas está bien, te lleva a un nuevo camino sin explorar donde todo se transforma en algo nuevo, en algo completamente diferente y estadísticamente mejor.

Así que quizás deberíamos empezar a no preocuparnos tanto por las decisiones que tomamos y escuchar un poco más a nuestra intuición que nos muestra cómo transmuta todo lo que hacemos, decimos o actuamos en un gran cambio delante de nuestros ojos cuando nos atrevemos a cambiar la rutina, a tomar esa decisión diferente.

Acción y alegría ayuda a salir del bucle.

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Sócrates y sus filtros

Sócrates en un brillante escrito nos legó sus tres filtros.  Utilizar cada vez que se habla la verdad, la bondad y la necesidad de decir lo que se expone a otro.  Blanco y en botella.

Así que en realidad es sencillo, si tienes algo que decir asegúrate que sea verdad.  No tu verdad, si no una que sea justa, transparente y más cercana a la realidad.

Si tienes algo que decir empápalo en bondad.  Aleja esa crítica fruto de la prepotencia o envidia.  Esa en la que se emplea la crítica por la crítica, la que está disfrazada de frustración o de un pasado que se añora y en la que es extremadamente fácil corregir alguna cosa que se desconoce.  Sigue siendo muy fácil: haz algo parecido, hazlo mejor y entonces critícalo…si puedes.

Si tienes algo que decir piensa antes de que salga por tu boca.  Piensa si es necesario.  Si va a cambiar algo (aparte del ego o el mal rollo).  Si va a molestar a alguien.  Si va a ayudar proactivamente a alguien.  Y por último plantéate si eso tan necesario a decir es más importante que el silencio, si no…déjalo estar.

Conocemos estos filtros desde que Sócrates murió, allá en el año 399 a.c. legados por su discípulo Platón.  Ya va siendo hora que comencemos a aplicarlos en serio.

Diana Llapart

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¿Qué pasaría si…?

Ya lo sé, es un o una borde, sin modales, consciencia o empatía de ninguna clase.

También sé que se merece todo lo que pueda salir en este momento de tu cabeza, boca, ojos y oídos. Se merece todo tu sarcasmo y más…

Y por último sé que es totalmente justificable que uses mucho de tu tiempo y energía en la crítica, en la venganza, aunque sientas que eso poco a poco te hace sentir más rabia, más impotencia y más rencor.

Pero ¿qué pasaría si…

…decidieras que no quieres cargar con esa hostilidad continuamente?

Si decidieras que todo el tiempo que dedicas a crear ese odio, esa crítica, ese rencor hacia una persona que no merece tu tiempo, lo dedicaras a otra cosa.

Qué pasaría si decidieras librarte de lo que esa persona que no te agrada en absoluto te ha hecho, si decidieras librarte de su control.

Tenlo claro, no vas a enseñarle ninguna lección porque lo que tenías que haberle dicho o hecho tan solo está en tu cabeza y eso, no enseña a nadie…ni si quiera a ti.

¿Qué pasaría si simplemente pasas de él o ella?

¿Qué pasaría si en lugar de perder el tiempo con esa persona nefasta lo utilizaras en crear algo mágico?

Invierte en magia, no en rencor…tú te lo mereces.